El Vudú Sobrenatural

Más que una religión

Hay un capítulo de Pase lo que pase en el que Lúa se despierta en el centro de un hectágono. Hay velas. Un cráneo de carnero. Un cuenco de terracota roto con clavos, alfileres y un espejo partido en el fondo. Y algo que se mueve en las sombras.

Eso no es ficción inventada. Todo lo que rodea esa escena tiene raíces históricas y culturales reales —algunas de miles de años. Esta entrada existe para contártelas.

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EL VUDÚ

Las artes oscuras impregnan Pase lo que pase de pinceladas mágicas, pero el vudú, en su origen, no tenía nada de oscuro. Se usó para honrar a los difuntos en las tribus de África y América.

En Benín sigue siendo hoy una religión animista —su dios es Mawu-Lisa, y dos sacerdotes elegidos (los egungun) sirven de intermediarios entre el mundo de los vivos y el de los muertos.

Si has leído la novela, esa palabra te resultará muy familiar.

Lo más sobrenatural

Cráneos, botellas de brujas y sahumerios

Los objetos que liberan el mal en la trama

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Nunca lo rompas, dijeron.

Durante la Edad Media se convirtió en una obsesión usar trampas espirituales para enterrar demonios en las extensas tierras de Europa. Los tibetanos usaban cráneos de carnero para atrapar al espíritu. Los haitianos, los pakèt kongo: repositorios mágicos de protección contra el mal y la enfermedad.

El cuenco roto simboliza la liberación del mal. Los clavos y alfileres se metían dentro para clavarse en el demonio; la tierra, para ahogarlo; el espejo, para que se viera a sí mismo atrapado.

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Símbolo de muerte y resurrección

Lúa está atrapada dentro de una figura de siete esquinas. En una de ellas, la delimita la cabeza de un carnero.

En la antigüedad, la calavera se empleaba para contener fuerzas negativas. Se creía que al enfrentar la muerte con su propia imagen, el mal perdería su poder —neutralizado por la presencia del símbolo que lo representaba.

En la mitología hebrea existe un demonio menor llamado Afu-Ra, similar al gran dios Ra egipcio: el responsable de la muerte y de la resurrección. Baphomet se había asociado a la fertilidad desde siempre. Fue el Papa quien decidió convertirlo en el símbolo del mal durante la época de los Templarios.

Y así nació el icono del Diablo.

El olor que atrapa

En la novela, esta fragancia arrastra a Lúa hacia una encerrona de la que no sabe escapar sola.

El almizcle blanco —un incienso de origen oriental— se asemeja al olor animal del ciervo, que emana una fragancia penetrante para atraer a las hembras en época de apareamiento. Los árabes de las clases altas lo consideraban una fragancia exquisita con la que embalsamaban sus barbas.

Si alguna vez has usado almizcle, has inhalado el aroma de la semilla que se extrae de las plantas llamadas Ambretta y de recursos sintéticos. No hay de qué asustarse.

«Todo lo que rodea a Lúa en esa escena tiene una explicación que se remonta siglos atrás. Eso es lo que hace que la magia de Pase lo que pase no se sienta inventada. Se siente real porque, en parte, lo es»

—Alexia Moya Velázquez—

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